Conectividad aérea: Iquique, cada vez más lejos de Chile
Por: Antonio Cossio Sáez
Director #EsDeIquiqueños
Resulta difícil hablar seriamente de descentralización cuando viajar entre regiones de Chile sigue implicando, en muchos casos, hacer escala en Santiago. Para quienes vivimos en Iquique, esta realidad se traduce en horas adicionales de viaje, mayores costos y una creciente sensación de aislamiento respecto del resto del país.
La conectividad aérea va mucho más allá del turismo o los viajes de negocios. Es fundamental para las familias, los estudiantes, los trabajadores, el deporte, la cultura, el acceso a servicios especializados y también para quienes deben trasladarse por razones de salud. Para una región alejada de los principales centros urbanos del país, contar con vuelos directos significa reducir tiempos y costos, pero también ampliar oportunidades y fortalecer nuestra integración con el resto de Chile. Cuando esas conexiones disminuyen, sus efectos terminan alcanzando, de una u otra forma, a toda la región.
La situación resulta aún más paradójica si observamos el Aeropuerto Internacional Diego Aracena. En marzo de 2025 fueron inauguradas sus obras de ampliación, con una inversión superior a los US$60 millones. Su terminal pasó de 8.000 a casi 20.000 metros cuadrados, convirtiéndose, según el Ministerio de Obras Públicas, en el segundo más grande de Chile después de Arturo Merino Benítez.
Tenemos, por tanto, infraestructura aeroportuaria moderna y preparada para crecer. El desafío es acompañarla con una red aérea más amplia y diversa.
Hoy buena parte de la conectividad de Iquique continúa concentrándose en Santiago. Y las pocas alternativas directas hacia otras regiones, en lugar de consolidarse, están disminuyendo.
JetSMART informó al SERNAC que pondrá término a nueve rutas nacionales. Desde el 1 de enero de 2027 dejarán de operar, entre otras, Concepción–Iquique e Iquique–La Serena. También desaparecerán Concepción–La Serena, Antofagasta–Concepción y Calama–Concepción.
Para Iquique significa perder dos conexiones especialmente relevantes. Concepción nos vincula directamente con uno de los principales centros urbanos, universitarios, médicos y productivos del sur. La Serena constituye una conexión natural dentro de la macrozona norte y un importante destino turístico y de servicios.
Cuando desaparece un vuelo interregional no desaparece simplemente una línea en el itinerario de una aerolínea. Se pierde tiempo, competitividad y oportunidades. Un empresario, una familia, un estudiante, un deportista o un paciente pueden terminar obligados a volar hacia Santiago para después regresar hacia otra región.
Es la expresión aérea del centralismo chileno.
Las aerolíneas, naturalmente, toman decisiones de acuerdo con criterios comerciales, demanda y rentabilidad. Pero cuando esas decisiones terminan reduciendo sistemáticamente las posibilidades de conexión entre regiones, corresponde preguntarnos qué herramientas tenemos como país para evitar que toda nuestra red aérea termine girando alrededor de Santiago.
No se trata de obligar a una compañía a mantener indefinidamente una ruta inviable, sino de generar condiciones para atraer operaciones y comprender que la conectividad aérea también es una herramienta de desarrollo territorial.
Iquique tiene condiciones para aspirar a algo distinto. Posee Zona Franca, minería, puerto, turismo y una ubicación privilegiada frente a los corredores que conectan el Pacífico con el interior de Sudamérica.
Y existen esfuerzos que apuntan precisamente en esa dirección. El cónsul general del Perú en Iquique, Miguel Ángel Gamarra Malca, ha impulsado gestiones para evaluar una eventual conexión Iquique–Tacna–Lima, elaborando antecedentes técnicos y sosteniendo acercamientos para analizar su viabilidad.
La propuesta resulta particularmente interesante. Tarapacá mantiene una intensa relación comercial, turística, familiar y cultural con Perú. Lima, además de ser un destino relevante, constituye uno de los principales centros de conexión aérea de Sudamérica, abriendo posibilidades internacionales sin necesidad de viajar primero hacia Santiago.
A ello se suma la conexión con Santa Cruz de la Sierra, que demuestra el potencial de Iquique para relacionarse directamente con nuestros vecinos.
Ese debiera ser el camino: ampliar la red, no reducirla.
Para conseguirlo necesitamos una política regional activa. Autoridades, gremios empresariales, sector turístico, Zona Franca, compañías mineras y municipios debieran trabajar conjuntamente para identificar mercados, demostrar demanda y generar condiciones que hagan atractiva la apertura y permanencia de nuevas rutas.
La discusión, además, supera a Iquique. La desaparición de rutas como Concepción–La Serena, Antofagasta–Concepción o Calama–Concepción demuestra que el problema alcanza a distintas regiones. Durante décadas hemos hablado de descentralizar Chile, pero nuestro sistema aéreo continúa reproduciendo una lógica radial: las regiones conectadas con Santiago y, desde Santiago, conectadas entre ellas.
Una verdadera descentralización también debiera medirse en algo tan sencillo como que para viajar desde una región a otra no sea obligatorio pasar por la capital.
Iquique tiene aeropuerto, infraestructura, actividad económica, turismo y posición geográfica. Lo que necesita ahora son más rutas, frecuencias y destinos.
Iquique ha sido históricamente una ciudad abierta al Pacífico, al intercambio y al encuentro con sus vecinos. Su futuro aéreo debiera construirse bajo esa misma lógica.
No necesitamos seguir acercando Iquique a Santiago.
Necesitamos conectar Iquique con Chile y con el mundo.